Archive for Mayo, 2014

La promesa del alba

Lunes, Mayo 26th, 2014

 

El escritor Romain Gary (Vilnius, 1914- París, 1980) rindió un bello homenaje a su madre en la novela autobiográfica “La promesa del alba”, publicada originalmente en 1960 y revisada definitivamente veinte años después. Este retrato de iniciación a la vida se ha convertido con los años en un libro querido por muchos lectores porque combina de forma magistral la ternura con la tragedia y el humor con la pasión. En España su primera edición data de 1997 y en 2008 apareció una edición de bolsillo.

El autor, que en 1956 obtuvo el premio Goncourt por “Las raíces del cielo” y posteriormente lo volvió a ganar en 1975 con el pseudónimo Émile Ajar con la novela “La vida ante sí”,  cuenta en “La promesa del alba” su infancia en Rusia y  en Polonia y su viaje a  Niza con su madre cuando tenía catorce años.

El relato de la infancia de Gary es sobre toda la historia de una madre singular, una madre soltera, rusa de nacimiento y admiradora incondicional de Francia y que, convencida de que su hijo sería un genio, desempeñó los trabajos más diversos, desde diseñadora de sombreros femeninos, hasta regente de un hotel, pasando por vendedora de propiedades inmobiliarias, para  darle la educación que le iba a llevar a ser el personaje que ella esperaba que sería.

El autor retrata en la novela a esta mujer quimérica, idealista, mezcla de coraje y tozudez, de energía indomeñable y de ligereza, de sentido de los negocios y de credulidad. Tan  volcada estaba que él señala: “No es bueno que a uno le quieran tanto, tan joven, tan temprano. Te acostumbras mal. Creemos haber triunfado. Creemos que existe en otra parte, que lo podemos encontrar. Contamos con ello. Miramos, confiamos, esperamos. Con el amor materno, la vida te hace al alba una promesa que jamás cumple. Después nos vemos obligados a comer frío hasta el final de nuestros días”.

“La promesa del alba” tiene elementos de novela picaresca puesto que para sobrevivir la madre del autor tuvo que recurrir a todo tipo de trabajos e ingenios, moviéndose siempre entre el lujo y la pobreza, la moral aristocrática y el engaño a que obliga en ocasiones la necesidad de supervivir. Es también una novela de formación en la que vemos forjarse la personalidad del autor y sus intentos de librarse de la sombra de su dominante madre. También recoge sus primeras experiencias como escritor, su aprendizaje de aviador y, por último, se convierte en una emotiva novela bélica en la que el autor expone sus experiencias de combate en la Segunda Guerra Mundial, participando, junto a otros compañeros, en operaciones en Francia, Inglaterra, Etiopía, Siria y  África ecuatorial.

Más de cincuenta años después de su redacción original, “La promesa del alba” sigue cautivando a los lectores.

La promesa  del alba

Romain Gary

Editorial Debolsillo

Martin A. La Regina

“Instrucciones para una ola de calor” y “Algún día nos lo contaremos todo”

Miércoles, Mayo 7th, 2014

“Instrucciones para una ola de calor”, de Maggie O’Farrell, y “Algún día nos lo contaremos todo”, de Daniela Krien, son dos interesantes novelas que empiezan con calor desde su primer párrafo. La elevada temperatura se revelará pronto como una metáfora de la pasión amorosa que confunde a sus personajes y les lleva a actuar extraña e impulsivamente.

Maggie O’Farrell  (1972, Coleraine,  Irlanda del Norte) parece haberse especializado en hacer desaparecer a sus personajes. Su anterior novela, la primera publicada en España,  se titulaba “La extraña desaparición de Annie Lennox” (2009). “Instrucciones para una ola de calor” comienza en un verano de 1976 en Londres cuando el recientemente jubilado Robert Riordan sale a comprar el periódico y no regresa al hogar. Su mujer Gretta llama a sus tres hijos que acuden a la casa familiar para tratar de buscar a su padre.

Michael Francis, el mayor, tiene problemas matrimoniales; Monica es la más conservadora aunque está casada con un divorciado con dos niñas que se la torean como quieran; Aoife, la pequeña, es disléxica y no sabe leer pero lo oculta por lo cual tiene que utilizar todo tipo de artimañas como decir siempre que se ha olvidado las gafas.

Las tribulaciones de los Riordan, sus relaciones entre ellos y sus secretos son manejados por la pluma de O’Farrell un excelente tema literario en una nueva demostración de que las vidas vulgares y corrientes,  la materia prima de la novela contemporánea, pueden ser más interesantes que las de los antiguos héroes.

También Daniela Krien (nacida en 1975 en Neukaliss, un pequeño pueblo de la desaparecida República Democrática Alemana)  retrata a gente sin historia en “Algún día nos lo contaremos todo”, su primera novela con la que ha ganado varios premios. Su protagonista principal es Maria, una chica que está a punto de cumplir 17 años, que vive en la casa de la familia de su novio Johannes, una pequeña granja familiar. Estamos en el verano de 1990, en un pueblo de la Alemania socialista, en un momento histórico en que el país y sus valores se desvanecen a velocidad acelerada.

A Maria no le gusta la vida del campo y cada vez que puede se escapa por los caminos para leer a Dostoiesvski. Su vida transcurre aplaciblemente hasta que conoce a Henner, un hombre de cuarenta años, solitario y enigmático y con un extraño poder de seducción. Una mirada, un simple roce, despiertan en ambos un deseo irrefrenable, una ola de calor sin instrucciones posibles para afrontarla.

Instrucciones para una ola de calor

Maggie ‘Farrell

Editorial SalamandraInstrucciones para una ola de calor

Algún día nos lo contaremos todo

Daniela Krien

Editorial Salamandraalgun-dia-nos-lo-contaremos-todo-9788498385328

Coral Glynn

Miércoles, Mayo 7th, 2014

“Coral Glynn” es una novela ambientada en 1950 en una casa de campo de Inglaterra que reproduce la atmósfera de época y evoca un ambiente que recuerde al Manderley de la novela Rebecca, de Daphne du Maurier, más famosa por la adaptación cinematográfica de Alfred Hitchcock. Su autor Peter Cameron  (Pompton Plains, 1959), es norteamericano y habla de una época en la que no había nacido y, sin embargo, se mueve con solvencia en el ambiente novelesco de los inicios de la segunda mitad del pasado siglo XX.

La protagonista, Coral Glynn, es una joven enfermera, llegada a Hart House para atender a la señora Hart, que se estaba muriendo de cáncer. Su hijo, Clement, militar herido en la guerra, a quien parece faltarle una pierna o parte de ella y que se mueve con la rigidez de una extraña marioneta, no tiene oficialmente necesidad de una enfermera.

En la mansión hay otra persona además de Coral y la señora y el comandante Hart: una anciana, una tal señora Prence que hace las veces de cocinera y ama de llaves.

Tanto el comandante como la enfermera son seres solitarios que apenas tienen familia. Él vive solo con su madre moribunda y ella es huérfana y su hermano murió en la Segunda Guerra Mundial. Carece de amigas y  su única pariente es una tía con la que apenas tiene contacto. Al terminar cada jornada, se reúnen para tomar una copa y conversar de sus respectivas soledades.

Sin apenas conocerse y a poco de la estancia, el hombre pide la mano a su empleada que tras pensárselo acabada aceptando. Apenas se conocen y en su compromiso no les mueve la pasión sino la necesidad de compañía.

No existiría novela sin conflicto. La muerte de una niña en un bosque cercano a Hart House viene a perturbar la tranquilidad del lugar y de los protagonistas. Un inspector de policía aparece en el pueblo para interrogar a los vecinos. En un pueblo es difícil escapar a las maledicencias y los recién llegados son, a menudo, blanco de las mismas. Coral Glynn no escapa a esa ley inexorable que rige la vida de las pequeñas sociedades en las que el control social es una pulsión para la mayoría.

Así un hecho ajeno a los protagonistas les cambia la vida y la novela toma un rumbo nuevo. Peter Cameron, a quien conocíamos por “Algún día este dolor te será útil”, vuelve a demostrar su talento para construir historias y guiarnos por los sutiles recovecos sentimentales de sus personajes.

Coral Glynn

Peter Cameron

Libros del AsteroideCoral Glynn

Las cartas de Scott Fitzgerald a su hija

Miércoles, Mayo 7th, 2014

Entre 1933 y 1940, el novelista estadounidense Francis Scott Fitzgerald  mantuvo un  interesante intercambio epistolar con su hija Scottie que comenzó cuando esta tenía sólo doce años y prosiguió hasta que a alcanzó los 19, edad a la que perdió a su padre que murió de un ataque al corazón en Hollywood el 21 de diciembre de 1940, a la edad de 44 años. En esta maravillosa colección de cartas en la que el autor de “El Gran Gastsby” trata de enseñar a su hija las verdades esenciales de la vida al tiempo que le cuenta sus tribulaciones diarias y de la enfermedad de su mujer Zelda, vemos que Scottie hacía poco caso a los consejos de su padre. Sin embargo, tuvo el buen sentido, como ella misma admite en el prólogo, de conservar esas misivas que son un regalo para los lectores y se leen casi como si se tratara de una novela en  la que indirectamente vemos como la mala fortuna va zarandeando a su protagonista.

Tras sus éxitos iniciales y formar parte de la pareja de moda en Estados Unidos en los llamados locos años veinte, Fitzgerald estaba cargado de deudas, su mujer estaba ingresada en una clínica psiquiátrica y Scottie era una adolecente rebelde interna en un colegio. El escritor se propuso orientar a su hija en las verdades de la vida y en la conducta apropiada para una joven de su edad que debe formarse como mujer y como estudiante. Sus consejos son los que todo padre daría a su hija.atendiendo a su experiencia personal. Consciente de que la niña tiene problemas con sus trabajos escolares, le sugiere que  confíe en su plan de hacerse el hábito mental de abordar las tareas difíciles en primer lugar, cuando está totalmente fresca, de modo que así avanzará largo trecho en el camino de la concentración.

Acosado por los problemas con la bebida, el mismo trató de prevenir a su hija de que cayera en el mismo error. Así le escribió: “De todos los chicos que conocí que bebían a los dieciocho y diecinueve años no hay uno que no esté a salvo en su tumba”. También trató de prevenirla sobre una idea demasiado romántica del amor: “Tienes razón en que las cosas del amor ocurren realmente en cocinas cochambrosas y patios de atrás. El claro de luna está infinitamente sobrevalorado”.

Pero Fitzgerald no sólo predicaba sino que también hablaba de él mismo a su hija, de sus proyectos y de sus inquietudes. Sus cartas sirven para conocer mejor como veía el mismo su propia obra. “Me había esforzado con todo mi ser para desarrollar un estilo en prosa que fuese duro y colorido”, le cuenta, por ejemplo, a su hija hablando de una de sus experiencias en Hollywood que se saldaron casi todas con estrepitosos fracasos. En otra carta aconseja a su hija que quiere seguir sus pasos como escritora y le indica: “La buena prosa se basa en que los verbos carguen el peso de las frases”.

Una última cita de estas cartas que, afortunadamente, no parecen escritas para una hija sino para la gente de todos los tiempos: “Cuando te hablo de mi juventud, lo que te cuento te parece irreal, porque los jóvenes no pueden creer que sus padres también lo fueron”.

Cartas a mi hija

Francis Scott Fitzgerald

Editorial Alpha DecayCartas a mi hija, por Scott Fitzgerald