Fuego y cenizas

Michael Ignatieff (Toronto, 1947) era un prestigioso profesor en una universidad estadounidense y autor de varios ensayos sobre política internacional, cuando una noche de octubre de 2004 tres personas le visitaron en Cambridge. Massachusetts, para pedirle que volviera a Canadá, su país natal del que había estado ausente más de treinta años, para que se presentara como candidato del Partido Liberal (cuyo programa político es equiparable al del PSOE). Inspirándose en algunos miembros de su familia que habían trabajado para la administración pública en altos puestos de responsabilidad, Ignatieff aceptó la oferta y llegó a ser líder del partido y de la oposición entre 2008 y 2011. En las elecciones de 2011 condujo a su partido a un estrepitoso fracaso que le llevó a abandonar la política activa y a contar su interesante experiencia en “Fuego y cenizas”.
En el libro aparecen tanto los entresijos de la actividad política, en la que a menudo el peor combate se libra entre las propias filas, como una crítica a algunos de los peores aspectos de la lucha partidista democrática en la que Gobierno y oposición se convierten no en adversarios sino en enemigos y en las que no hay ningún tipo de diálogo. En su reflexión, Ignatieff es consciente, sin embargo, de que pese a todas sus lacras la democracia sigue siendo el único sistema que merece la pena defender y que algunos defectos de la política podrían corregirse con leyes reguladoras mientras que otros son inherentes a la condición humana.
Siguiendo la estela de Mario Vargas Llosa en su “El pez en el agua” o de Cicerón o Maquiavelo, si queremos remontarnos a la antigüedad, el profesor canadiense nos enseña que la derrota política sirve también para aprender. Su ejemplar relato de su paso por la política, cuyo fracaso fue en parte debido a los ataques personales y anuncios negativos financiados por el gobierno conservador, termina con un alegato en favor de la política y una carta a los jóvenes que se sientan llamados a la participación pública. “Podrías pensar –escribe Ignatieff a ese joven que se plantea entrar en este mundo- que la política no es más que un juego sucio que no tiene nada que ver contigo. Espero que cuando acabes de leer el libro hayas llegado a una conclusión muy distinta: que constituye un noble combate que necesita de un autocontrol, un buen juicio y una fortaleza interior mayores de lo que nunca podrías haber imaginado poseer”.
Puede que Ignatieff no fuera un gran político pero su derrota ha afinado sus dotes analíticas de las que ya había dado ejemplo en “El honor del guerrero” y “El mal menor” y que ahora vuelve a lucir en “Fuego y cenizas”.

 

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Fuego y cenizas

Michael Ignatieff

Editorial Taurus

254 páginas

 

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