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Contra los virus del virus

sábado, septiembre 26th, 2020

Durante la fase de confinamiento más duro de la pandemia era normal escuchar algunas voces que decían que después del coronavirus iba a salir una sociedad mejor. Quizás fue un reflejo de autodefensa, pero lo cierto es que la gran mayoría no vamos a añorar esos tiempos en que tuvimos que recluirnos forzosamente en nuestros hogares ni mucho menos deseamos que se repitan.

El filósofo francés Bernard-Heny Lévy ha escrito en caliente un libro en el que cuestiona algunas de las cosas que se predican sobre algunas “bondades” que nos ha traído el coronavirus.

El autor comienza su pequeño ensayo citando algunas precedentes de pandemias mortíferas como la gripe española de 1918, la gripe asiática de 1958 o  la gripe de  Hong Kong de 1968. Comparando estas catástrofes con la actual, el pensador galo concluye que  “lo más sobrecogedor de la covid-19 ha sido la extraña manera que hemos tenido de reaccionar esta vez”. Y añade: “la epidemia no solo es la del coronavirus, sino la del miedo que se ha cernido sobre el mundo”.

El miembro de los que en su momento se llamaron “Nuevos Filósofos Franceses”, críticos con los dogmas de la izquierda radical surgida del Mayo del 68 discute a  quienes utilizan el virus para tratar de avalar su ideología extrayendo supuestas ”lecciones” del mal para  el que todavía carecemos de vacuna . En su opinión el coronavirus ha provocado delirios interpretativos que mueven entre dos fuerzas que quieren imponer sus ideas para el mundo del mañana.

 Esta peligrosa polaridad de quienes quieren arrimar el ascua a su sardina queda muy bien explicada en la contraportada del libro y por eso copio directamente un fragmento:  “ Por un lado, los ‘rentistas de la muerte’ y los tiranos persuasivos que aprovecharán esta emergencia sanitaria y el delirio higienista para ahogar a sus pueblos o expandir su imperio. Y, por otro, los ‘declinistas’, los que optan por el decrecimiento, los ‘colapsólogos’ y otros adalides de la penitencia, que disfrazan su egoísmo de autosacrificio y, so pretexto de que nada debe ‘volver a ser como antes’, pasan sin pena alguna el duelo por las mejores virtudes de la civilización occidental”.

Como Lévy es una persona inteligente vale la pena leer sus reflexiones, escritas con prosa elegante y  culta y, además, no muy extensas. En cualquier caso, la lectura de  “Este virus que nos vuelve locos” nos puede aportar nuevos  puntos de vista  para enriquecer nuestra perspectiva sobre estos tiempos tan  “interesantes”.

Este virus que nos vuelve locos

Bernard-Henri Lévy

Traducción de Núria Molines Galarza

La Esfera de los Libros

124 páginas

Violencia dentro de la violencia

miércoles, septiembre 2nd, 2020

De nuevo el acoso sexual  es el tema de la novela que comentamos en Lector de Guardia . Si en la reseña de “Esto es placer” destacábamos el tema de la ambigüedad, en “Milkman”, de Anna Burns,  nos encontramos una ostensible situación de hostigamiento  que se multiplica en virtud del gregarismo social y político.

La narradora no dice su nombre es simplemente “la hermana segunda” o “la que camina” y cuenta una historia que ocurre en una localidad de Irlanda del Norte, seguramente Belfast, ciudad natal de la autora. “Milkman” está ambientada en los años de plomo en los que el conflicto político entre los independentistas y los unionistas, la guerra entre ambas facciones, creó dos mundos antagónicos y dos sociedades enemigas conviviendo juntas.

La pertenencia a uno u otro lado marca completamente una frontera impermeable. En la guerra no hay matices. Todo es blanco o negro. Veamos como la narradora describe estos dos mundos irreconciliables:

Había programas de televisión que un bando podía ver sin cometer traición, mientras que, al otro lado de la carretera, el otro bando los odiaba y los detestaba, (…) Luego estaba la comida y la bebida. La mantequilla buena, La mantequilla que no tocaba. El té de la lealtad. El té de la traición. Nuestras tiendas y las de ellos. Topónimos. La escuela donde habías estudiado. Las oraciones que rezabas. Los himnos que cantabas. Si aspirabas las haches o no. Donde trabajabas. Y, por su puesto estaban las paradas de autobús. El hecho de que ir a cualquier parte y hacer cualquier cosa era una declaración política, aunque tú no quisieras. Había también un tipo de apariencia, porque la gente creía que se podía distinguir a los del otro lado de la carretera  de los de tu lado a partir del físico de las personas. La elección de murales, de tradiciones, de periódicos, de himnos, de días señalados, de pasaporte, de moneda, de policía, de poderes cívicos, de soldadesca, de paramilitares.

A este estrecho control político y social se le une la necesidad de evitar ser una rareza. Así lo explica la protagonista:   “En estos tiempos modernos puedes levantarte y que te aplaudan por admitir que tal vez te pase algo en la cabeza. Pero por aquel entonces, lo mejor era pasar lo más inadvertido posible en lugar de admitir que tus hábitos personales y distintivos habían caído por debajo del estándar de normalidad social. Delo contrario, te ponían el sello de rareza psicológica y te colocaban al margen con el resto de los inadaptados”.

En este contexto asfixiante, tal como lo describe magistralmente Burns, “la hermana segunda” recibe las visitas indeseadas de uno de los líderes paramilitares de una facción, la favorable a separarse del Reino Unido. Y lo que es peor, toda la gente que rodea a la joven da por hecho que ella es la amante del acosador, por más que ella lo niegue. Incluso su madre descree de la hija y atiende solo a las habladurías.

Por si fuera poco, ella tiene la costumbre de leer andando por la calle y todo el mundo le advierte encarecidamente de que no lo haga. Con una prosa original y algo repetitiva, Anna Burns logra retratar el substrato de violencia grupal que se vive en un conflicto terrorista o, como se decía en una reseña en el diario “ABC”, “la violencia dentro de la violencia”.

Con esta novela la autora norirlandesa  ganó  el premio Man Booker 2018 y el National Book Critics Circle 2019.

Milkman

Aana Burns

Traducción de Maia Figueroa Evans

Editorial Alianza de Novelas

352 páginas