Violencia dentro de la violencia

De nuevo el acoso sexual  es el tema de la novela que comentamos en Lector de Guardia . Si en la reseña de “Esto es placer” destacábamos el tema de la ambigüedad, en “Milkman”, de Anna Burns,  nos encontramos una ostensible situación de hostigamiento  que se multiplica en virtud del gregarismo social y político.

La narradora no dice su nombre es simplemente “la hermana segunda” o “la que camina” y cuenta una historia que ocurre en una localidad de Irlanda del Norte, seguramente Belfast, ciudad natal de la autora. “Milkman” está ambientada en los años de plomo en los que el conflicto político entre los independentistas y los unionistas, la guerra entre ambas facciones, creó dos mundos antagónicos y dos sociedades enemigas conviviendo juntas.

La pertenencia a uno u otro lado marca completamente una frontera impermeable. En la guerra no hay matices. Todo es blanco o negro. Veamos como la narradora describe estos dos mundos irreconciliables:

Había programas de televisión que un bando podía ver sin cometer traición, mientras que, al otro lado de la carretera, el otro bando los odiaba y los detestaba, (…) Luego estaba la comida y la bebida. La mantequilla buena, La mantequilla que no tocaba. El té de la lealtad. El té de la traición. Nuestras tiendas y las de ellos. Topónimos. La escuela donde habías estudiado. Las oraciones que rezabas. Los himnos que cantabas. Si aspirabas las haches o no. Donde trabajabas. Y, por su puesto estaban las paradas de autobús. El hecho de que ir a cualquier parte y hacer cualquier cosa era una declaración política, aunque tú no quisieras. Había también un tipo de apariencia, porque la gente creía que se podía distinguir a los del otro lado de la carretera  de los de tu lado a partir del físico de las personas. La elección de murales, de tradiciones, de periódicos, de himnos, de días señalados, de pasaporte, de moneda, de policía, de poderes cívicos, de soldadesca, de paramilitares.

A este estrecho control político y social se le une la necesidad de evitar ser una rareza. Así lo explica la protagonista:   “En estos tiempos modernos puedes levantarte y que te aplaudan por admitir que tal vez te pase algo en la cabeza. Pero por aquel entonces, lo mejor era pasar lo más inadvertido posible en lugar de admitir que tus hábitos personales y distintivos habían caído por debajo del estándar de normalidad social. Delo contrario, te ponían el sello de rareza psicológica y te colocaban al margen con el resto de los inadaptados”.

En este contexto asfixiante, tal como lo describe magistralmente Burns, “la hermana segunda” recibe las visitas indeseadas de uno de los líderes paramilitares de una facción, la favorable a separarse del Reino Unido. Y lo que es peor, toda la gente que rodea a la joven da por hecho que ella es la amante del acosador, por más que ella lo niegue. Incluso su madre descree de la hija y atiende solo a las habladurías.

Por si fuera poco, ella tiene la costumbre de leer andando por la calle y todo el mundo le advierte encarecidamente de que no lo haga. Con una prosa original y algo repetitiva, Anna Burns logra retratar el substrato de violencia grupal que se vive en un conflicto terrorista o, como se decía en una reseña en el diario “ABC”, “la violencia dentro de la violencia”.

Con esta novela la autora norirlandesa  ganó  el premio Man Booker 2018 y el National Book Critics Circle 2019.

Milkman

Aana Burns

Traducción de Maia Figueroa Evans

Editorial Alianza de Novelas

352 páginas

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